Deporte

Garbiñe Muguruza, maestra de maestras

  • La española firma un brillante encuentro ante Kontaveit (6-3 y 7-5) y se convierte en la primera tenista nacional en conquistar el título del Masters
  • Muguruza: «Esta ha sido mi mejor temporada»
  • Así queda el ranking tras ganar Muguruza la Copa de Maestras

Aspiraba Garbiñe Muguruza a pisar la luna del tenis español, ninguna raqueta nacional con tan altísimo título en el circuito femenino. Y pisa esta hazaña con la fuerza de un ciclón, con la que se instaló en el partido de semifinales contra Paula Badosa y a la que se aferró también en la final contra Anett Kontaveit. Campeona de las WTA Finals con otro partido soberbio, sólido y concentrado para levantar un título de los mayúsculos en su carrera, el décimo en su palmarés, e inédito entre las mujeres (sí lo lograron Manuel Orantes y Álex Corretja). En una hora y 39 minutos de otra lección de tenis, Muguruza, maestra de maestras.

Llegaba Kontaveit con 14 victorias y solo una derrota, la que la infligió la propia Muguruza, dueña de la llave que desestructura a la tenista estonia, a la que ni siquiera su fuerte servicio vino en ayuda en la final de las finales.

Contra Kontaveit la española pudo clasificarse para las semifinales de estas WTA Finals, contra Kontaveit la española conquista estas WTA Finals. El círculo se cierra: hace 28 años luchó por este título Arantxa Sánchez Vicario, en el Madison Square Garden contra Steffi Graf. No lo logró, pero sí plantó una semilla de que era posible. Tenía que nacer Muguruza ese año para que, en 2021, tomara el relevo de la catalana para llevar la bandera española un paso más allá, al infinito, al título de maestra de maestras.

Es la estonia una tenista a la que se le nota todo en la pista: desconcierto, dudas, nervios al inicio, seguridad y confianza en la mitad, desesperación y resignación al final del primer set. Así, en un estado ciclotímico y por momentos descontrolado, Kontaveit se encontró con un enigma inescrutable: Muguruza en estado de concentración plena. Y así, la española es intimidante, imperial, infranqueable.

La española atacó desde el inicio, quitando tiempo de aliento y pensamiento a la rival con su servicio y al resto. Obligó a Kontaveit a buscar alternativas a su estrategia porque esta no funcionaba ni por tempo ni por ángulos. Muguruza presionó y presionó hasta lograr el primer break a la cuarta opción de rotura. Presionó y presionó aun perdiendo su servicio en un momento de inspiración de la rival. Presionó y presionó y en 42 minutos encontró un globazo de manual y de historia para sellar el primer parcial. Seriedad y convicción, sin salirse de la línea marcada: golpes agresivos, cambiando ángulos, buscando fondo de pista, encontrando huecos y minando mentalidades rivales.

Hubo tiempo para las alarmas, una caída fortuita de Muguruza en el primer juego del segundo set que, sin embargo, no tuvo mayores contratiempos que un poco de calma en su turno de saque. Físico tremendo el de la española que rompe las normas de que a este último torneo del año se llega con las energías justas. Mostró todo lo contrario, desatada en Guadalajara, con mucha parroquia a su favor, y ajustada de nuevo al plan de ataque después del susto, comodísima en su ejecución, controladora en cada punto, efectiva en cada resolución.

También, y sobre todo, cuando las cosas se ponían complicadas. No había plan en la raqueta de Kontaveit, pero sí ramalazos de inspiración. Igual que en el primer parcial, la estonia consiguió meterse en el partido y en la final con unos minutos de brillantez. Pero fueron apenas minutos. A esta Muguruza era difícil sacarla por completo de su estrategia pues incluso en los momentos menos lúcidos parecía tener el fondo del partido controlado. Tanto es así que a pesar de perder su servicio, de la racha de 10 puntos de su rival, la española tiró de paciencia para conseguir, poco a poco, devolver el partido a su favor con una remontada magnífica que recupera de sus mejores tiempos. Estos vuelven a ser suyos, tercera raqueta del mundo desde el lunes.

Otra lección de consistencia y mentalidad que la impulsó hasta recuperar el break, sin perder la calma a pesar del 3-5, y ponerse al resto para ganar lo que nunca había ganado otra tenista española. Y en un suspiro, ganado el juego en blanco, Muguruza se echó al suelo, manos en la cara y sonrisa fantástica tras un fantástico partido. En la cincuenta edición del torneo de torneos, décimo título en su palmarés, y de los que más caché ofrecen, con su Roland Garros de 2016 y su Wimbledon de 2017. Campeona ante Kontaveit con galones, muy superior en todas las facetas del juego: agresividad, templanza y concentración. Campeona de las WTA Finals. Maestra de maestras.

FUENTE: ABC

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